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 ¿Quien es Lilith?
Autor: Jedah (201.145.139.---)
Fecha:   08-04-05 02:38

Saben mucho compañeros mios, han hablado de lilith, que fue antes que eva que no se que, pero yo se bueno me han dicho que es el diablo, pero quien es o que, o es el nombre que le dan a la serpiente?, bueno gracias ojala me contesten.

Lo unico que se de lilith asi , que sale en un juego llamado Darkstalkers, pero de ahi en fuera nada, nomas cosas de internet, que dice que fue creada, antes que Eva, gracias.

Ojala aclaren mis dudas

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Primavera (83.37.101.---)
Fecha:   08-12-05 15:33



Hola:

Tu mismo lo dices: es un juego.

Primavera.

Primavera

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Jedah (201.128.199.---)
Fecha:   08-12-05 17:32

Gracias, osea que solamente es un juego para desorientar?

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Adelice (200.66.14.---)
Fecha:   09-25-05 00:34

No , no es un juego , es la realidad , lilith si existio y en las mismisimas sagradas escrituras siempre estuvo presente.

Podria darsele a entender como la serpiente aunque de echo no.

Mira , aqui esta la parte de la historia que fue rechazada de la biblia :

Génesis 1 27. "Y Dios creó al hombre a su imagen yu semejanza; lo creó a la imagen de Dios, los creó varón y mujer.
28. Y los bendijo, (…)."

El varón se llamó Adán y la mujer Lilith (según consta en la literatura hebrea). Lilith, la primera esposa de Adán estaba hecha con "arcilla del suelo", igual que él. Era hermosa, vital, inquieta, inquisitiva… libre… y no disimulaba su risa cuando Adán, todavía un novato en esto de estar en el Paraíso, se equivocaba. La mirada divertida y burlona de Lilith lo desconcertaba. ¿Cómo se podía reir de él, que estaba hecho a imagen y semejanza de Dios y Dios era perfecto y todo lo hacía bien?

Los primeros tiempos, Adán estaba entusiasmado con esta mujer, que representaba todo un desafío. Pero después se cansó de tener que reflexionar con ella, negociar y llegar a acuerdos en los que en ocasiones, según él, "salía perdiendo"… además ella no quería estar siempre "abajo", sabía lo que quería y pedía lo que tenía ganas. Era muy demandante.

Fue por esa época que él se tomó muy en serio lo de "dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven en la tierra", y comenzó a dar órdenes que Lilith prolijamente no cumplía. Desalentado visitaba a Dios y le contaba sus tribulaciones. El Creador, cansado de tantos lamentos, habló con Lilith:

"Adán es un buen muchacho, mirá que paciencia que te tiene, ¿dónde vas a encontrar otro? Mejor hacele caso."

¿Hacerle caso? ¿Subordinarse a ese "buen muchacho" incapaz de entender que eran diferentes, pero que eso no significaba ser mejor o peor, reacio a aceptar una convivencia sin jerarquías, en un plano de igualdad? No, decididamente NO. Habían sido creados el mismo día y de la misma manera, por lo tanto tenían los mismos derechos, argumentó y se fue a nadar despreocupada en la cascada, exhalando a su paso un aroma a hierbas y musgo que hizo suspirar al creador. Indudablemente la "rebeldía" tenía su encanto.

Un día, cansada de los lloriqueos de Adán y de las presiones de Dios, decidió que el Paraíso no tenía nada de maravilloso y se fue. Así de simple, sin sentir una pizca de remordimiento o de culpa. El pecado todavía no existía. Cuentan que le dejó todo a Adán, no se llevó ni una hoja de parra. Su desnudez la hacía sentir hermosa y fuerte.

Dios respiró aliviado creyendo que habían acabado todos los problemas, pero no. Adán estaba insoportable: a pesar de toda su cacareada autosuficiencia, la soledad le pesaba. Ya nadie aplaudía lo que hacía, ni le daba las gracias, ni… Ni las sumisas ovejas, ni las juguetonas cabras podían compararse con Lilith. ¡Realmente cómo se habían divertido!

La tristeza de Adán conmovió al Creador… además, quería sacarselo de encima; había que reconocer que, sin una mujer, se ponía muy fastidioso. Entonces, decidió darle una compañera menos "independiente".

Génesis 1 18. Después dijo el Señor Dios: "No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". (…), con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
23. El hombre exclamó: ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!
Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre".

Lo que sigue es historia conocida.

Lilith se le excluyo de la biblia por el echo de dar un mal ejemplo a las mujeres , las mostraba como un ser de igual valor que el hombre y bastante independiente , se reuzaba a seguir ordenes de Adan y se fue del paraiso porque no deseaba ser ordenada siempre por Adan.

Así, la primera mujer es, al mismo tiempo, la primera "desaparecida" de la historia: su nombre fue borrado de la Biblia (se le menciona sólo una vez -Isaías 34:14-, aunque esta mención no resulta clara en todas las traducciones al español); su cuerpo fue borrado del relato.

El castigo divino fue la casi completa desaparición de Lilith de la historia. Dios quiso borrar a Lilith.

Le propuso, entonces, ciertos cambios para que también ella pudiera sentir placer. Él, por supuesto, se negó: ella debía aceptar la imposición de amarlo mirándolo siempre desde abajo. Sin embargo, Lilith se resistía a reconocer como superior al hombre, aunque él tuviera en el cuerpo la marca de la divinidad (2). Evidentemente, no había lugar allí para dos iguales, por lo que decidió abandonar el Paraíso, antes que someterse y renunciar a sí misma.

Esto muestra el machismo en el catolicismo , ademas de que lilith se le considero como un ser maligno y madre de los vampiros.

Lilith osó pensar que podía decidir sobre su propio cuerpo, sobre su placer, sobre su sexualidad. Lilith osó pensar que tenía los mismos derechos que Adán, los mismos derechos que los hombres.

Aunque en la mayor parte de las religiones son machistas.

Por cierto , ese videojuego me encanta , y no no es solo un videojuego , esto es la realidad y creo que esta mal ocultad la verdad a los demas.Toma en cuenta que la mayor parte de los personajes de los videojeugos a veces se inspiran en dioses o personajes de la antiguedad.

Supongo que extendi demas el tema pero patra mas informacion sobre lilith puede encontrala aqui : http://www.uv.es/~dones/temasinteres/historia/lilith.htm

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: _Galileo_ (200.104.36.---)
Fecha:   09-25-05 22:52

XD genial, borraron mi post...
quiere decir que debo ser censurable????
o ke no les gusta lo que escribo:D???
en todo caso, lilith existió....
y la tierra sigue girando en torno al sol

"Epur si Muove"

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: José Luis Campos B. (148.223.143.---)
Fecha:   09-26-05 01:37

Adelice:
Realmente es buena la aportación e interpretación que nos compartes sobre Lilith. La única observación que haría es sobre la afirmación que haces sobre la presencia del machismo en el catolicismo.
Esto porque el término "católico" dato del siglo II, con San Ignacio de Antioquía y el nombre de Lilith, como bien lo asientas, desde el Pentateuco mismo así como en otros libros sagrados de le religión judía.
Concuerdo contigo en la gran injusticia con que la literatura y la mitología hebreas han tratado a ese protopersonaje femenino. Un saludo.

Omnia ad bonum

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Fabián Antonio Diaz (200.45.71.---)
Fecha:   09-28-05 15:16

Hola, todos los dias uno aprende algo nuevo...., entonces Lilith ¿ exisitio?...
¿ que paso con ella?, ¿ como vivio?¿ como murio?....

Siempre tuve una duda:

Si DIOS creo al hombre y la mujer, y estaba Adan y Eva, ( bueno ahora se que estaba antes Lilith), estos dos tuvieron dos Hojos Cain y Abel, uno murio, ¿ como llegamos a ser tantos en el mundo? ¿ como se dio la reproduccion?, hay otros creados que se borraron de la Biblia. Hablando de ella, quien decidio Borrar de la Biblia esta parte de la historia, si vos la savas así tan bien contada es porque hay literatura antigua sobre esto.
Espero tener una respuesta y gracias por la informacion

Fabián Díaz
Tucumán
Argentina
fadiaz@bkb.com.ar

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Jedah (201.153.130.---)
Fecha:   09-29-05 03:08

Miren algo muy importante de que tenemos que tomar en cuenta..
es que la biblia es un libro de fe, todo anterior a Abraham no fue real, fue un modo de explicar que Dios nos dio por que en aquel tiempo heramos unos niños en la fe, como le explicas a un niño algo tan complejo?, pues claro como un cuenta.
Entonces, desde Abraham en adelante..

¿pero quien es lilith? ¿yo pregunte por lo que tenia de dua? pero cada vez me dejan peor, ji han dicho un chorro de respuestas que a la torre!!, definance y chequen bien cada uno de ustedes...
es como decir de donde viene JEDAH tambien sale en ese mismo juego, como dijo el anterior usuario es de leyendas es verdad leyendas pero que tanto es una leyenda a la realidad, su diferencia, entonces tomane en parte lo que les dije.
Vean ese punto

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Fabián Antonio Diaz (200.45.71.---)
Fecha:   09-29-05 09:38

Si DIOS creo al hombre y la mujer, y estaba Adan y Eva, ( bueno ahora se que estaba antes Lilith), estos dos tuvieron dos Hojos Cain y Abel, uno murio, ¿ como llegamos a ser tantos en el mundo? ¿ como se dio la reproduccion?, hay otros creados que se borraron de la Biblia. Hablando de ella, quien decidio Borrar de la Biblia esta parte de la historia, si vos la savas así tan bien contada es porque hay literatura antigua sobre esto.
Por favor me gustaria que alguien me aclare esta duda, es por eso que repito nuevamente mi pregunta.

Fabián Díaz
Tucumán
Argentina
fadiaz@bkb.com.ar

Fabián Díaz
Tucumán
Argentina
fadiaz@bkb.com.ar

 
 El mito de Lilith
Autor: Hini (80.58.41.---)
Fecha:   09-29-05 11:49

El mundo antiguo nos ha dejado numerosas narraciones sobre los orígenes de la humanidad. Un relato que no deja de suscitar interés se refiere a una diosa llamada “Lilith” (o Lilit).

No hay una historia clara sobre este personaje legendario. Para algunos, Lilith pertenece a la tradición sumeria, para otros a la tradición acádica. Quizá luego, desde el mundo mesopotámico, el mito de Lilith se introdujo en el mundo judío.

¿Qué nos dice este mito? Lilith sería una especie de diosa conocida por sus actividades diabólicas, que resultaría especialmente peligrosa para las mujeres que daban a luz, al consumir la sangre y los tuétanos de los hijos. Para protegerse de los ataques de Lilith, se recurría, en el mundo pagano, a encantos y amuletos.

El mundo judío recogió una alusión sobre Lilith en la Biblia, en un breve texto de Is 34,14, quizá simplemente para aludir a espíritus malignos en general, y sin darle mayor importancia al tema.

Es erróneo decir, como se hace en algunas interpretaciones recientes, que exista una narración en el libro del Génesis sobre una Lilith creada como mujer antes incluso que Eva. La importancia bíblica de este personaje es, por lo tanto, mínima.

En el mundo de la cábala y de las interpretaciones judías, sin embargo, Lilith adquirió cierta importancia y se elaboraron sobre ella diversas teorías, en general condenatorias, al ver en ella una especie de demonio maligno. El Talmud (un antiguo comentario hebreo sobre la Biblia) presenta a Lilith con rostro de mujer, largos cabellos y un cuerpo dotado de alas. En otro contexto interpretativo se habla de Lilith como de la primer mujer de Adán, pero no aparece, como ya dijimos, en el Génesis.

El siglo XX ha visto un nuevo interés por este personaje, y no han faltado algunos promotores del feminismo que han querido presentar a Lilith como modelo de una mujer emancipada social y sexualmente, pasional y combativa, enemiga de la “esclavitud” que se originaría a partir del nacimiento de los hijos. Por su rebeldía, dicen estos intérpretes, fue condenada por quienes querían someter a las mujeres, como si fuese un demonio o un vampiro, cuando, en realidad, sería una anticipación frustrada de la liberación femenina.

A Lilith, dicen estos intérpretes, los judíos habrían opuesto la imagen de Eva, mujer sometida a su esposo y encadenada a las tareas de la maternidad.

Estas interpretaciones carecen de validez por diversos motivos. El primero es que no hay rastro en la Biblia ni en el mundo antiguo de una oposición entre Lilith y Eva. El segundo es un desconocimiento profundo del modo correcto de leer la Biblia: una cosa es analizarla como un libro literario, sumamente rico, escrito por autores hijos de su tiempo, y otra (más profunda) es leerla como un libro que ha sido inspirado por Dios para nuestra salvación.

El tercer error consiste en transponer problemas y debates ideológicos de la actualidad a mitos antiguos, como si el pasado fuese una confirmación de lo que ahora vivimos. Los “valores” que algunos quieren encontrar en una Lilith supuestamente condenada, según ellos, por una cultura patriarcal opresora, no son valores que liberen a la mujer, pues la maternidad no es ninguna esclavitud, sino una de las riqueza más hermosas de la mujer (como la paternidad es una enorme riqueza del hombre).

Hombre y mujer no son, ni deben ser, antagonistas, como nos enseña la fe cristiana y como ha explicado recientemente el Magisterio eclesiástico. El mito de Lilith no debe ser reinterpretado, por lo tanto, ni contra el modo correcto de hacer historia, ni contra la visión positiva que sobre las relaciones entre el hombre y la mujer ofrece nuestra fe cristiana.


Fuente: http://es.catholic.net/temacontrovertido/609/1211/articulo.php?id=2566

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Sergio Ceceña (201.137.136.---)
Fecha:   09-29-05 16:09

Adelice, Adelice, si lo borraron de los libros hebreos, por qué dices que el machismo es católico, Galileo, sigo esperando tu respuesta en el otro foro ¿Tan fácil te das por vencido? ¿Sabes por lo menos algo verdadero sobre Galileo? Isaias ya decía que el Mundo era redondo antes, mucho antes que Galileo tan siquiera lo pensara y Vespucio lo segundara y Colón lo reafirmara.

¡Lilith! ¡Hombre! De donde han sacado esos datos sin fundamento histórico, aunque la web que cita Adelice se jacta de ser universitaria.


Bueno, ya Hindi os presentó un muy buen aporte ¿Hindi, estudias historia? Es perfecto.

Lo mas seguro es que el mito sea sumerio, en eso concuerdan Johan Lewis, director del IAE. Francisco Juárez Cedillo, profesor de antropología de la Universidad de Madrid, Marcela Dëyrabien, escritora y antropóloga dedicada a la busqueda de la verdad (Y no es católica) entre otros.

Hay Galileo, hay Adelice, siempre diciendo que la Iglesia tiene grandes prejuicios contra la sociedad, cuando es la gente que dice eso quien tiene los prejuicios.

Por ejemplo, la Carta de nuestro Actual Papa Benedicto XVI cuando era cardenal y prefecto de la IC sobre la mujeres en la sociedad.

¡Ha desmentir ideasd anticatólicas!

Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia

Carta del Card. Joseph Ratzinger en la que analiza la concepción antropológica de la persona humana para profundizar en la recta comprensión de la colaboración activa de las mujeres y los hombres con la Iglesia.

INTRODUCCIÓN

1.Experta en humanidad, la Iglesia ha estado siempre interesada en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer. En estos últimos tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la comunidad civil y eclesial. Habiendo contribuido a la profundización de esta temática fundamental, particularmente con la enseñanza de Juan Pablo II,1 la Iglesia se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer.

Este documento, después de una breve presentación y valoración crítica de algunas concepciones antropológicas actuales, desea proponer reflexiones inspiradas en los datos doctrinales de la antropología bíblica, que son indispensables para salvaguardar la identidad de la persona humana. Se trata de presupuestos para una recta comprensión de la colaboración activa del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo, en el reconocimiento de su propia diferencia. Las presentes reflexiones se proponen, además, como punto de partida de profundización dentro de la Iglesia, y para instaurar un diálogo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en la búsqueda sincera de la verdad y el compromiso común de desarrollar relaciones siempre más auténticas.



I. EL PROBLEMA

2.En los últimos años se han delineado nuevas tendencias para afrontar la cuestión femenina. Una primera tendencia subraya fuertemente la condición de subordinación de la mujer a fin de suscitar una actitud de contestación. La mujer, para ser ella misma, se constituye en antagonista del hombre. A los abusos de poder responde con una estrategia de búsqueda del poder. Este proceso lleva a una rivalidad entre los sexos, en el que la identidad y el rol de uno son asumidos en desventaja del otro, teniendo como consecuencia la introducción en la antropología de una confusión deletérea, que tiene su implicación más inmediata y nefasta en la estructura de la familia.

Una segunda tendencia emerge como consecuencia de la primera. Para evitar cualquier supremacía de uno u otro sexo, se tiende a cancelar las diferencias, consideradas como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural. En esta nivelación, la diferencia corpórea, llamada sexo, se minimiza, mientras la dimensión estrictamente cultural, llamada género, queda subrayada al máximo y considerada primaria. El obscurecerse de la diferencia o dualidad de los sexos produce enormes consecuencias de diverso orden. Esta antropología, que pretendía favorecer perspectivas igualitarias para la mujer, liberándola de todo determinismo biológico, ha inspirado de hecho ideologías que promueven, por ejemplo, el cuestionamiento de la familia a causa de su índole natural bi-parental, esto es, compuesta de padre y madre, la equiparación de la homosexualidad a la heterosexualidad y un modelo nuevo de sexualidad polimorfa.

3. Aunque la raíz inmediata de dicha tendencia se coloca en el contexto de la cuestión femenina, su más profunda motivación debe buscarse en el tentativo de la persona humana de liberarse de sus condicionamientos biológicos.2 Según esta perspectiva antropológica, la naturaleza humana no lleva en sí misma características que se impondrían de manera absoluta: toda persona podría o debería configurarse según sus propios deseos, ya que sería libre de toda predeterminación vinculada a su constitución esencial.

Esta perspectiva tiene múltiples consecuencias. Ante todo, se refuerza la idea de que la liberación de la mujer exige una crítica a las Sagradas Escrituras, que transmitirían una concepción patriarcal de Dios, alimentada por una cultura esencialmente machista. En segundo lugar, tal tendencia consideraría sin importancia e irrelevante el hecho de que el Hijo Dios haya asumido la naturaleza humana en su forma masculina.

4. Ante estas corrientes de pensamiento, la Iglesia, iluminada por la fe en Jesucristo, habla en cambio de colaboración activa entre el hombre y la mujer, precisamente en el reconocimiento de la diferencia misma.

Para comprender mejor el fundamento, sentido y consecuencias de esta respuesta, conviene volver, aunque sea brevemente, a las Sagradas Escrituras, —ricas también en sabiduría humana— en las que la misma se ha manifestado progresivamente, gracias a la intervención de Dios en favor de la humanidad.3



II. LOS DATOS FUNDAMENTALES
DE LA ANTROPOLOGÍA BÍBLICA

5.Una primera serie de textos bíblicos a examinar está constituida por los primeros tres capítulos del Génesis. Ellos nos colocan «en el contexto de aquel ‘‘principio´´ bíblico según el cual la verdad revelada sobre el hombre como ‘‘imagen y semejanza de Dios´´ constituye la base inmutable de toda la antropología cristiana».4

En el primer texto (Gn 1,1-2,4), se describe la potencia creadora de la Palabra de Dios, que obra realizando distinciones en el caos primigenio. Aparecen así la luz y las tinieblas, el mar y la tierra firme, el día y la noche, las hierbas y los árboles, los peces y los pájaros, todos «según su especie». Surge un mundo ordenado a partir de diferencias, que, por otro lado, son otras tantas promesas de relaciones. He aquí, pues, bosquejado el cuadro general en el que se coloca la creación de la humanidad. «Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra... Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó» (Gn 1,26-27). La humanidad es descrita aquí como articulada, desde su primer origen, en la relación de lo masculino con lo femenino. Es esta humanidad sexuada la que se declara explícitamente «imagen de Dios».

6.La segunda narración de la creación (Gn 2,4-25) confirma de modo inequívoco la importancia de la diferencia sexual. Una vez plasmado por Dios y situado en el jardín del que recibe la gestión, aquel que es designado —todavía de manera genérica— como Adán experimenta una soledad, que la presencia de los animales no logra llenar. Necesita una ayuda que le sea adecuada. El término designa aquí no un papel de subalterno sino una ayuda vital.5 El objetivo es, en efecto, permitir que la vida de Adán no se convierta en un enfrentarse estéril, y al cabo mortal, solamente consigo mismo. Es necesario que entre en relación con otro ser que se halle a su nivel. Solamente la mujer, creada de su misma «carne» y envuelta por su mismo misterio, ofrece a la vida del hombre un porvenir. Esto se verifica a nivel ontológico, en el sentido de que la creación de la mujer por parte de Dios caracteriza a la humanidad como realidad relacional. En este encuentro emerge también la palabra que por primera vez abre la boca del hombre, en una expresión de maravilla: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23).

En referencia a este texto genesíaco, el Santo Padre ha escrito: «La mujer es otro ‘‘yo´´ en la humanidad común. Desde el principio aparecen [el hombre y la mujer] como ‘‘unidad de los dos´´, y esto significa la superación de la soledad original, en la que el hombre no encontraba ‘‘una ayuda que fuese semejante a él´´ (Gn 2,20). ¿Se trata aquí solamente de la ‘‘ayuda´´ en orden a la acción, a ‘‘someter la tierra´´ (cf Gn 1,28)? Ciertamente se trata de la compañera de la vida con la que el hombre se puede unir, como esposa, llegando a ser con ella ‘‘una sola carne´´ y abandonando por esto a ‘‘su padre y a su madre´´ (cf Gn 2,24)».6

La diferencia vital está orientada a la comunión, y es vivida serenamente tal como expresa el tema de la desnudez: «Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro» (Gn 2, 25).

De este modo, el cuerpo humano, marcado por el sello de la masculinidad o la femineidad, «desde ‘‘el principio´´ tiene un carácter nupcial, lo que quiere decir que es capaz de expresar el amor con que el hombre-persona se hace don, verificando así el profundo sentido del propio ser y del propio existir».7 Comentando estos versículos del Génesis, el Santo Padre continúa: «En esta peculiaridad suya, el cuerpo es la expresión del espíritu y está llamado, en el misterio mismo de la creación, a existir en la comunión de las personas ‘‘a imagen de Dios´´».8

En la misma perspectiva esponsal se comprende en qué sentido la antigua narración del Génesis deja entender cómo la mujer, en su ser más profundo y originario, existe «por razón del hombre» (cf 1Co 11,9): es una afirmación que, lejos de evocar alienación, expresa un aspecto fundamental de la semejanza con la Santísima Trinidad, cuyas Personas, con la venida de Cristo, revelan la comunión de amor que existe entre ellas. «En la ‘‘unidad de los dos´´ el hombre y la mujer son llamados desde su origen no sólo a existir ‘‘uno al lado del otro´´, o simplemente ‘‘juntos´´, sino que son llamados también a existir recíprocamente, ‘‘el uno para el otro... El texto del Génesis 2,18-25 indica que el matrimonio es la dimensión primera y, en cierto sentido, fundamental de esta llamada. Pero no es la única. Toda la historia del hombre sobre la tierra se realiza en el ámbito de esta llamada. Basándose en el principio del ser recíproco ‘‘para´´ el otro en la ‘‘comunión´´ interpersonal, se desarrolla en esta historia la integración en la humanidad misma, querida por Dios, de lo ‘‘masculino´´ y de lo ‘‘femenino´´».9

La visión serena de la desnudez con la que concluye la segunda narración de la creación evoca aquel «muy bueno» que cerraba la creación de la primera pareja humana en la precedente narración. Tenemos aquí el centro del diseño originario de Dios y la verdad más profunda del hombre y la mujer, tal como Dios los ha querido y creado. Por más transtornadas y obscurecidas que estén por el pecado, estas disposiciones originarias del Creador no podrán ser nunca anuladas.

7.El pecado original altera el modo con el que el hombre y la mujer acogen y viven la Palabra de Dios y su relación con el Creador. Inmediatamente después de haberles donado el jardín, Dios les da un mandamiento positivo (cf Gn 2,16) seguido por otro negativo (cf Gn 2,17), con el cual se afirma implícitamente la diferencia esencial entre Dios y la humanidad. En virtud de la seducción de la Serpiente, tal diferencia es rechazada de hecho por el hombre y la mujer. Como consecuencia se tergiversa también el modo de vivir su diferenciación sexual. La narración del Génesis establece así una relación de causa y efecto entre las dos diferencias: en cuando la humanidad considera a Dios como su enemigo se pervierte la relación misma entre el hombre y la mujer. Asimismo, cuando esta última relación se deteriora, existe el riesgo de que quede comprometido también el acceso al rostro de Dios.

En las palabras que Dios dirige a la mujer después del pecado se expresa, de modo lapidario e impresionante, la naturaleza de las relaciones que se establecerán a partir de entonces entre el hombre y la mujer: «Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará» (Gn 3,16). Será una relación en la que a menudo el amor quedará reducido a pura búsqueda de sí mismo, en una relación que ignora y destruye el amor, reemplazándolo con el yugo de la dominación de un sexo sobre el otro. La historia de la humanidad reproduce, de hecho, estas situaciones en las que se expresa abiertamente la triple concupiscencia que recuerda San Juan, cuando habla de la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (cf 1 Jn 2,16). En esta trágica situación se pierden la igualdad, el respeto y el amor que, según el diseño originario de Dios, exige la relación del hombre y la mujer.

8. Recorrer estos textos fundamentales permite reafirmar algunos datos capitales de la antropología bíblica.

Ante todo, hace falta subrayar el carácter personal del ser humano. «De la reflexión bíblica emerge la verdad sobre el carácter personal del ser humano. El hombre —ya sea hombre o mujer— es persona igualmente; en efecto, ambos, han sido creados a imagen y semejanza del Dios personal».10 La igual dignidad de las personas se realiza como complementariedad física, psicológica y ontológica, dando lugar a una armónica «unidualidad» relacional, que sólo el pecado y las ‘‘estructuras de pecado´´ inscritas en la cultura han hecho potencialmente conflictivas. La antropología bíblica sugiere afrontar desde un punto de vista relacional, no competitivo ni de revancha, los problemas que a nivel público o privado suponen la diferencia de sexos.

Además, hay que hacer notar la importancia y el sentido de la diferencia de los sexos como realidad inscrita profundamente en el hombre y la mujer. «La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones».11 Ésta no puede ser reducida a un puro e insignificante dato biológico, sino que «es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano».12 Esta capacidad de amar, reflejo e imagen de Dios Amor, halla una de sus expresiones en el carácter esponsal del cuerpo, en el que se inscribe la masculinidad y femineidad de la persona.

Se trata de la dimensión antropológica de la sexualidad, inseparable de la teológica. La criatura humana, en su unidad de alma y cuerpo, está, desde el principio, cualificada por la relación con el otro. Esta relación se presenta siempre a la vez como buena y alterada. Es buena por su bondad originaria, declarada por Dios desde el primer momento de la creación; es también alterada por la desarmonía entre Dios y la humanidad, surgida con el pecado. Tal alteración no corresponde, sin embargo, ni al proyecto inicial de Dios sobre el hombre y la mujer, ni a la verdad sobre la relación de los sexos. De esto se deduce, por lo tanto, que esta relación, buena pero herida, necesita ser sanada.

¿Cuáles pueden ser las vías para esta curación? Considerar y analizar los problemas inherentes a la relación de los sexos sólo a partir de una situación marcada por el pecado llevaría necesariamente a recaer en los errores anteriormente mencionados. Hace falta romper, pues, esta lógica del pecado y buscar una salida, que permita eliminarla del corazón del hombre pecador. Una orientación clara en tal sentido se nos ofrece con la promesa divina de un Salvador, en la que están involucradas la «mujer» y su «estirpe» (cf Gn 3,15), promesa que, antes de realizarse, tendrá una larga preparación histórica.

9.Una primera victoria sobre el mal está representada por la historia de Noé, hombre justo que, conducido por Dios, se salva del diluvio con su familia y las distintas especies de animales (cf Gn 6-9). Pero la esperanza de salvación se confirma, sobre todo, en la elección divina de Abraham y su descendencia (cf Gn 12,1ss). Dios empieza así a desvelar su rostro para que, por medio del pueblo elegido, la humanidad aprenda el camino de la semejanza divina, es decir de la santidad, y por lo tanto del cambio del corazón. Entre los muchos modos con que Dios se revela a su pueblo (cf Hb 1,1), según una larga y paciente pedagogía, se encuentra también la repetida referencia al tema de la alianza entre el hombre y la mujer. Se trata de algo paradójico si se considera el drama recordado por el Génesis y su reiteración concreta en tiempos de los profetas, así como la mezcla entre sacralidad y sexualidad, presente en las religiones que circundaban a Israel. Y sin embargo, este simbolismo parece indispensable para comprender el modo en que Dios ama a su pueblo: Dios se hace conocer como el Esposo que ama a Israel, su Esposa.

Si en esta relación Dios es descrito como «Dios celoso» (cf Ex 20,5; Na 1,2) e Israel denunciado como esposa «adúltera» o «prostituta» (cf Os 2,4-15; Ez16,15-34), el motivo es que la esperanza que se fortalece por la palabra de los profetas consiste precisamente en ver cómo Jerusalén se convierte en la esposa perfecta: «Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios» (Is62,5). Recreada «en justicia y en derecho, en amor y en compasión» (Os 2,21), aquella que se alejó para buscar la vida y la felicidad en los dioses falsos retornará, y a Aquel que le hablará a su corazón, «ella responderá allí como en los días de su juventud» (Os 2,17), y le oirá decir: «tu esposo es tu Hacedor» (Is54,5). En sustancia es el mismo dato que se afirma cuando, paralelamente al misterio de la obra que Dios realiza por la figura masculina del Siervo, el libro de Isaías evoca la figura femenina de Sión, adornada con una trascendencia y una santidad que prefiguran el don de la salvación destinada a Israel.

El Cantar de los cantares representa sin duda un momento privilegiado en el empleo de esta modalidad de revelación. Con palabras de un amor profundamente humano, que celebra la belleza de los cuerpos y la felicidad de la búsqueda recíproca, se expresa igualmente el amor divino por su pueblo. La Iglesia no se ha engañado pues al reconocer el misterio de su relación con Cristo, en su audacia de unir, mediante las mismas expresiones, aquello que hay de más humano con aquello que hay de más divino.

A lo largo de todo el Antiguo Testamento se configura una historia de salvación, que pone simultáneamente en juego la participación de lo masculino y lo femenino. Los términos esposo y esposa, o también alianza, con los que se caracteriza la dinámica de la salvación, aun teniendo una evidente dimensión metafórica, representan aquí mucho más que simples metáforas. Este vocabulario nupcial toca la naturaleza misma de la relación que Dios establece con su pueblo, aunque tal relación es más amplia de lo que se puede captar en la experiencia nupcial humana. Igualmente, están en juego las mismas condiciones concretas de la redención, en el modo con el que oráculos como los de Isaías asocian papeles masculinos y femeninos en el anuncio y la prefiguración de la obra de la salvación que Dios está a punto de cumplir. Dicha salvación orienta al lector sea hacia la figura masculina del Siervo sufriente que hacia aquella femenina de Sión. Los oráculos de Isaías alternan de hecho esta figura con la del Siervo de Dios, antes de culminar, al final del libro, con la visión misteriosa de Jerusalén, que da a luz un pueblo en un solo día (cf Is 66,7-14), profecía de la gran novedad que Dios está a punto de realizar (cf Is 48,6-8).

10.Todas estas prefiguraciones se cumplen en el Nuevo Testamento. Por una parte María, como la hija elegida de Sión, recapitula y transfigura en su femineidad la condición de Israel/Esposa, a la espera del día de su salvación. Por otra parte, la masculinidad del Hijo permite reconocer cómo Jesús asume en su persona todo lo que el simbolismo del Antiguo Testamento había aplicado al amor de Dios por su pueblo, descrito como el amor de un esposo por su esposa. Las figuras de Jesús y María, su Madre, no sólo aseguran la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino que superan aquel. Como dice San Ireneo, con el Señor aparece «toda novedad».13

Este aspecto es puesto en particular evidencia por el Evangelio de Juan. En la escena de las bodas de Caná, por ejemplo, María, a la que su Hijo llama «mujer», pide a Jesús que ofrezca como señal el vino nuevo de las bodas futuras con la humanidad. Estas bodas mesiánicas se realizarán en la cruz, dónde, en presencia nuevamente de su madre, indicada también aquí como «mujer», brotará del corazón abierto del crucificado la sangre/vino de la Nueva Alianza (cf Jn 19,25-27.34).14 No hay pues nada de asombroso si Juan el Bautista, interrogado sobre su identidad, se presenta como «el amigo del novio», que se alegra cuando oye la voz del novio y tiene que eclipsarse a su llegada: «El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. Es preciso que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,29-30).15

En su actividad apostólica, Pablo desarrolla todo el sentido nupcial de la redención concibiendo la vida cristiana como un misterio nupcial. Escribe a la Iglesia de Corinto por él fundada: «Celoso estoy de vosotros con celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros cual casta virgen a Cristo» (2 Cor 11,2).

En la carta a los Efesios la relación esponsal entre Cristo y la Iglesia será retomada y profundizada con amplitud. En la Nueva Alianza la Esposa amada es la Iglesia, y —como enseña el Santo Padre en la Carta a las familias— «esta esposa, de la que habla la carta a los Efesios, se hace presente en cada bautizado y es como una persona que se ofrece a la mirada de su esposo: ‘‘Amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para... presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada´´ (Ef 5,25-27)».16

Meditando, por lo tanto, en la unión del hombre y la mujer como es descrita al momento de la creación del mundo (cf Gn 2,24), el apóstol exclama: «Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia» (Ef 5,32). El amor del hombre y la mujer, vivido con la fuerza de la gracia bautismal, se convierte ya en sacramento del amor de Cristo y la Iglesia, testimonio del misterio de fidelidad y unidad del que nace la «nueva Eva», y del que ésta vive en su camino terrenal, en espera de la plenitud de las bodas eternas.

11.Injertados en el misterio pascual y convertidos en signos vivientes del amor de Cristo y la Iglesia, los esposos cristianos son renovados en su corazón y pueden así huir de las relaciones marcadas por la concupiscencia y la tendencia a la sumisión, que la ruptura con Dios, a causa del pecado, había introducido en la pareja primitiva. Para ellos, la bondad del amor, del cual la voluntad humana herida ha conservado la nostalgia, se revela con acentos y posibilidades nuevas. A la luz de esto, Jesús, ante la pregunta sobre el divorcio (cf Mt 19,1-9), recuerda las exigencias de la alianza entre el hombre y la mujer en cuanto queridas por Dios al principio, o bien antes de la aparición del pecado, el cual había justificado los sucesivos acomodos de la ley mosaica. Lejos del ser la imposición de un orden duro e intransigente, esta enseñanza de Jesús sobre el divorcio es efectivamente el anuncio de una «buena noticia»: que la fidelidad es más fuerte que el pecado. Con la fuerza de la resurrección es posible la victoria de la fidelidad sobre las debilidades, sobre las heridas sufridas y sobre los pecados de la pareja. En la gracia de Cristo, que renueva su corazón, el hombre y la mujer se hacen capaces de librarse del pecado y de conocer la alegría del don recíproco.

12.«Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay... ni hombre ni mujer», escribe S. Pablo a los Gálatas (Ga 3,27-28). El Apóstol no declara aquí abolida la distinción hombre-mujer, que en otro lugar afirma pertenecer al proyecto de Dios. Lo que quiere decir es más bien esto: en Cristo, la rivalidad, la enemistad y la violencia, que desfiguraban la relación entre el hombre y la mujer, son superables y superadas. En este sentido, la distinción entre el hombre y la mujer es más que nunca afirmada, y en cuanto tal acompaña a la revelación bíblica hasta el final. Al término de la historia presente, mientras se delinean en el Apocalipsis de Juan «los cielos nuevos» y «la tierra nueva» (Ap 21,1), se presenta en visión una Jerusalén femenina «engalanada como una novia ataviada para su esposo» (Ap 21,20). La revelación misma se concluye con la palabra de la Esposa y del Espíritu, que suplican la llegada del Esposo: «Ven Señor Jesús» (Ap 22,20).

Lo masculino y femenino son así revelados como pertenecientes ontológicamente a la creación, y destinados por tanto a perdurar más allá del tiempo presente, evidentemente en una forma transfigurada. De este modo caracterizan el amor que «no acaba nunca» (1 Cor 13,8), no obstante haya caducado la expresión temporal y terrena de la sexualidad, ordenada a un régimen de vida marcado por la generación y la muerte. El celibato por el Reino quiere ser profecía de esta forma de existencia futura de lo masculino y lo femenino. Para los que viven el celibato, éste adelanta la realidad de una vida, que, no obstante continuar siendo aquella propia del hombre y la mujer, ya no estará sometida a los límites presentes de la relación conyugal (cf Mt 22,30). Para los que viven la vida conyugal, aquel estado se convierte además en referencia y profecía de la perfección que su relación alcanzará en el encuentro cara a cara con Dios.

Distintos desde el principio de la creación y permaneciendo así en la eternidad, el hombre y la mujer, injertados en el misterio pascual de Cristo, ya no advierten, pues, sus diferencias como motivo de discordia que hay que superar con la negación o la nivelación, sino como una posibilidad de colaboración que hay que cultivar con el respeto recíproco de la distinción. A partir de aquí se abren nuevas perspectivas para una comprensión más profunda de la dignidad de la mujer y de su papel en la sociedad humana y en la Iglesia.



III. LA ACTUALIDAD DE LOS VALORES FEMENINOS EN LA VIDA DE LA SOCIEDAD

13.Entre los valores fundamentales que están vinculados a la vida concreta de la mujer se halla lo que se ha dado en llamar la «capacidad de acogida del otro». No obstante el hecho de que cierto discurso feminista reivindique las exigencias «para sí misma», la mujer conserva la profunda intuición de que lo mejor de su vida está hecho de actividades orientadas al despertar del otro, a su crecimiento y a su protección.

Esta intuición está unida a su capacidad física de dar la vida. Sea o no puesta en acto, esta capacidad es una realidad que estructura profundamente la personalidad femenina. Le permite adquirir muy pronto madurez, sentido de la gravedad de la vida y de las responsabilidades que ésta implica. Desarrolla en ella el sentido y el respeto por lo concreto, que se opone a abstracciones a menudo letales para la existencia de los individuos y la sociedad. En fin, es ella la que, aún en las situaciones más desesperadas —y la historia pasada y presente es testigo de ello— posee una capacidad única de resistir en las adversidades, de hacer la vida todavía posible incluso en situaciones extremas, de conservar un tenaz sentido del futuro y, por último, de recordar con las lágrimas el precio de cada vida humana.

Aunque la maternidad es un elemento clave de la identidad femenina, ello no autoriza en absoluto a considerar a la mujer exclusivamente bajo el aspecto de la procreación biológica. En este sentido, pueden existir graves exageraciones que exaltan la fecundidad biológica en términos vitalistas, y que a menudo van acompañadas de un peligroso desprecio por la mujer. La vocación cristiana a la virginidad —audaz con relación a la tradición veterotestamentaria y a las exigencias de muchas sociedades humanas— tiene al respecto gran importancia.17 Ésta contradice radicalmente toda pretensión de encerrar a las mujeres en un destino que sería sencillamente biológico. Así como la maternidad física le recuerda a la virginidad que no existe vocación cristiana fuera de la donación concreta de sí al otro, igualmente la virginidad le recuerda a la maternidad física su dimensión fundamentalmente espiritual: no es conformándose con dar la vida física como se genera realmente al otro. Eso significa que la maternidad también puede encontrar formas de plena realización allí donde no hay generación física.18

En tal perspectiva se entiende el papel insustituible de la mujer en los diversos aspectos de la vida familiar y social que implican las relaciones humanas y el cuidado del otro. Aquí se manifiesta con claridad lo que el Santo Padre ha llamado el genio de la mujer.19 Ello implica, ante todo, que las mujeres estén activamente presentes, incluso con firmeza, en la familia, «sociedad primordial y, en cierto sentido, ‘‘soberana´´»,20 pues es particularmente en ella donde se plasma el rostro de un pueblo y sus miembros adquieren las enseñanzas fundamentales. Ellos aprenden a amar en cuanto son amados gratuitamente, aprenden el respeto a las otras personas en cuanto son respetados, aprenden a conocer el rostro de Dios en cuanto reciben su primera revelación de un padre y una madre llenos de atenciones. Cuando faltan estas experiencias fundamentales, es el conjunto de la sociedad el que sufre violencia y se vuelve, a su vez, generador de múltiples violencias. Esto implica, además, que las mujeres estén presentes en el mundo del trabajo y de la organización social, y que tengan acceso a puestos de responsabilidad que les ofrezcan la posibilidad de inspirar las políticas de las naciones y de promover soluciones innovadoras para los problemas económicos y sociales.

Sin embargo no se puede olvidar que la combinación de las dos actividades —la familia y el trabajo— asume, en el caso de la mujer, características diferentes que en el del hombre. Se plantea por tanto el problema de armonizar la legislación y la organización del trabajo con las exigencias de la misión de la mujer dentro de la familia. El problema no es solo jurídico, económico u organizativo, sino ante todo de mentalidad, cultura y respeto. Se necesita, en efecto, una justa valoración del trabajo desarrollado por la mujer en la familia. En tal modo, las mujeres que libremente lo deseen podrán dedicar la totalidad de su tiempo al trabajo doméstico, sin ser estigmatizadas socialmente y penalizadas económicamente. Por otra parte, las que deseen desarrollar también otros trabajos, podrán hacerlo con horarios adecuados, sin verse obligadas a elegir entre la alternativa de perjudicar su vida familiar o de padecer una situación habitual de tensión, que no facilita ni el equilibrio personal ni la armonía familiar. Como ha escrito Juan Pablo II, «será un honor para la sociedad hacer posible a la madre —sin obstaculizar su libertad, sin discriminación sicológica o práctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compañeras— dedicarse al cuidado y a la educación de los hijos, según las necesidades diferenciadas de la edad».21

14.En todo caso es oportuno recordar que los valores femeninos apenas mencionados son ante todo valores humanos: la condición humana, del hombre y la mujer creados a imagen de Dios, es una e indivisible. Sólo porque las mujeres están más inmediatamente en sintonía con estos valores pueden llamar la atención sobre ellos y ser su signo privilegiado. Pero en última instancia cada ser humano, hombre o mujer, está destinado a ser «para el otro». Así se ve que lo que se llama «femineidad» es más que un simple atributo del sexo femenino. La palabra designa efectivamente la capacidad fundamentalmente humana de vivir para el otro y gracias al otro.

Por lo tanto la promoción de las mujeres dentro de la sociedad tiene que ser comprendida y buscada como una humanización, realizada gracias a los valores redescubiertos por las mujeres. Toda perspectiva que pretenda proponerse como lucha de sexos sólo puede ser una ilusión y un peligro, destinados a acabar en situaciones de segregación y competición entre hombres y mujeres, y a promover un solipsismo, que se nutre de una concepción falsa de la libertad.

Sin prejuzgar los esfuerzos por promover los derechos a los que las mujeres pueden aspirar en la sociedad y en la familia, estas observaciones quieren corregir la perspectiva que considera a los hombres como enemigos que hay que vencer. La relación hombre-mujer no puede pretender encontrar su justa condición en una especie de contraposición desconfiada y a la defensiva. Es necesario que tal relación sea vivida en la paz y felicidad del amor compartido.

En un nivel más concreto, las políticas sociales —educativas, familiares, laborales, de acceso a los servicios, de participación cívica— si bien por una parte tienen que combatir cualquier injusta discriminación sexual, por otra deben saber escuchar las aspiraciones e individuar las necesidades de cada cual. La defensa y promoción de la idéntica dignidad y de los valores personales comunes deben armonizarse con el cuidadoso reconocimiento de la diferencia y la reciprocidad, allí donde eso se requiera para la realización del propio ser masculino o femenino.



IV. LA ACTUALIDAD DE LOS VALORES FEMENINOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA

15.Con respecto a la Iglesia, el signo de la mujer es más que nunca central y fecundo. Ello depende de la identidad misma de la Iglesia, que ésta recibe de Dios y acoge en la fe. Es esta identidad «mística», profunda, esencial, la que se debe tener presente en la reflexión sobre los respectivos papeles del hombre y la mujer en la Iglesia.

Ya desde las primeras generaciones cristianas, la Iglesia se consideró una comunidad generada por Cristo y vinculada a Él por una relación de amor, que encontró en la experiencia nupcial su mejor expresión. Por ello la primera obligación de la Iglesia es permanecer en la presencia de este misterio del amor divino, manifestado en Cristo Jesús, contemplarlo y celebrarlo. En tal sentido, la figura de María constituye la referencia fundamental de la Iglesia. Se podría decir, metafóricamente, que María ofrece a la Iglesia el espejo en el que es invitada a reconocer su propia identidad así como las disposiciones del corazón, las actitudes y los gestos que Dios espera de ella.

La existencia de María es para la Iglesia una invitación a radicar su ser en la escucha y acogida de la Palabra de Dios. Porque la fe no es tanto la búsqueda de Dios por parte del hombre cuanto el reconocimiento de que Dios viene a él, lo visita y le habla. Esta fe, cierta de que «ninguna cosa es imposible para Dios» (cf Gn 18,14; Lc 1,37), vive y se profundiza en la obediencia humilde y amorosa con la que la Iglesia sabe decirle al Padre: «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). La fe continuamente remite a la persona de Jesús: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5), y lo acompaña en su camino hasta los pies de la cruz. María, en la hora de las tinieblas más profundas, persiste valientemente en la fe, con la única certeza de la confianza en la palabra de Dios.

También de María aprende la Iglesia a conocer la intimidad de Cristo. María, que ha llevado en sus brazos al pequeño niño de Belén, enseña a conocer la infinita humildad de Dios. Ella, que ha acogido el cuerpo martirizado de Jesús depuesto de la cruz, muestra a la Iglesia cómo recoger todas las vidas desfiguradas en este mundo por la violencia y el pecado. La Iglesia aprende de María el sentido de la potencia del amor, tal como Dios la despliega y revela en la vida del Hijo predilecto: «dispersó a los que son soberbios y exaltó a los humildes» (Lc1,51-52). Y también de María los discípulos de Cristo reciben el sentido y el gusto de la alabanza ante las obras de Dios: «porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso» (Lc 1, 49). Ellos aprenden que están en el mundo para conservar la memoria de estas «maravillas» y velar en la espera del día del Señor.

16. Mirar a María e imitarla no significa, sin embargo, empujar a la Iglesia hacia una actitud pasiva inspirada en una concepción superada de la femineidad. Tampoco significa condenarla a una vulnerabilidad peligrosa, en un mundo en el que lo que cuenta es sobre todo el dominio y el poder. En realidad, el camino de Cristo no es ni el del dominio (cf Fil 2, 6), ni el del poder como lo entiende el mundo (cf Jn18,26). Del Hijo de Dios aprendemos que esta «pasividad» es en realidad el camino del amor, es poder real que derrota toda violencia, es «pasión» que salva al mundo del pecado y de la muerte y recrea la humanidad. Confiando su Madre al apóstol S. Juan, el Crucificado invita a su Iglesia a aprender de María el secreto del amor que triunfa.

Muy lejos de otorgar a la Iglesia una identidad basada en un modelo contingente de femineidad, la referencia a María, con sus disposiciones de escucha, acogida, humildad, fidelidad, alabanza y espera, coloca a la Iglesia en continuidad con la historia espiritual de Israel. Estas actitudes se convierten también, en Jesús y a través de él, en la vocación de cada bautizado.

Prescindiendo de las condiciones, estados de vida, vocaciones diferentes, con o sin responsabilidades públicas, tales actitudes determinan un aspecto esencial de la identidad de la vida cristiana. Aun tratándose de actitudes que tendrían que ser típicas de cada bautizado, de hecho, es característico de la mujer vivirlas con particular intensidad y naturalidad. Así, las mujeres tienen un papel de la mayor importancia en la vida eclesial, interpelando a los bautizados sobre el cultivo de tales disposiciones, y contribuyendo en modo único a manifestar el verdadero rostro de la Iglesia, esposa de Cristo y madre de los creyentes.

En esta perspectiva también se entiende que el hecho de que la ordenación sacerdotal sea exclusivamente reservada a los hombres22 no impide en absoluto a las mujeres el acceso al corazón de la vida cristiana. Ellas están llamadas a ser modelos y testigos insustituibles para todos los cristianos de cómo la Esposa debe corresponder con amor al amor del Esposo.



CONCLUSIÓN

17.En Jesucristo se han hecho nuevas todas las cosas (cf Ap 21,5). La renovación de la gracia, sin embargo, no es posible sin la conversión del corazón. Mirando a Jesús y confesándolo como Señor, se trata de reconocer el camino del amor vencedor del pecado, que Él propone a sus discípulos.

Así, la relación del hombre con la mujer se transforma, y la triple concupiscencia de la que habla la primera carta de S. Juan (cf 1Jn 2,15-17) cesa su destructiva influencia. Se debe recibir el testimonio de la vida de las mujeres como revelación de valores, sin los cuales la humanidad se cerraría en la autosuficiencia, en los sueños de poder y en el drama de la violencia. También la mujer, por su parte, tiene que dejarse convertir, y reconocer los valores singulares y de gran eficacia de amor por el otro del que su femineidad es portadora. En ambos casos se trata de la conversión de la humanidad a Dios, a fin de que tanto el hombre como la mujer conozcan a Dios como a su «ayuda», como Creador lleno de ternura y como Redentor que «amó tanto al mundo que dio a su Hijo único» (Jn 3,16).

Una tal conversión no puede verificarse sin la humilde oración para recibir de Dios aquella transparencia de mirada que permite reconocer el propio pecado y al mismo tiempo la gracia que lo sana. De modo particular se debe implorar la intercesión de la Virgen María, mujer según el corazón de Dios —«bendita entre las mujeres» (Lc 1,42)—, elegida para revelar a la humanidad, hombres y mujeres, el camino del amor. Solamente así puede emerger en cada hombre y en cada mujer, según su propia gracia, aquella «imagen de Dios», que es la efigie santa con la que están sellados (cf Gn 1,27). Solo así puede ser redescubierto el camino de la paz y del estupor, del que es testigo la tradición bíblica en los versículos del Cantar de los cantares, donde cuerpos y corazones celebran un mismo júbilo.

Ciertamente la Iglesia conoce la fuerza del pecado, que obra en los individuos y en las sociedades, y que a veces llevaría a desesperar de la bondad de la pareja humana. Pero por su fe en Cristo crucificado y resucitado, la Iglesia conoce aún más la fuerza del perdón y del don de sí, a pesar de toda herida e injusticia. La paz y la maravilla que la Iglesia muestra con confianza a los hombres y mujeres de hoy son la misma paz y maravilla del jardín de la resurrección, que ha iluminado nuestro mundo y toda su historia con la revelación de que «Dios es amor» (1Jn 4,8.16).

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto, ha aprobado la presente Carta, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación, y ha ordenado que sea publicada.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 31 de mayo de 2004, Fiesta de la Visitación de la Beata Virgen María.



+ Joseph Card. Ratzinger
Prefecto

+ Angelo Amato, SDB
Arzobispo titular de Sila
Secretario


Notas
1Cf Juan Pablo II, Exhort. Apost. post sinodal Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981): AAS 74 (1982), 81-191; Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988): AAS 80 (1988), 1653-1729; Carta a las familias (2 de febrero de 1994): AAS 86 (1994), 868-925; Carta a las mujeres (29 de junio de 1995): AAS 87 (1995), 803-812; Catequesis sobre el amor humano (1979-1984): Enseñanzas II (1979) - VII (1984); Congregación para la Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educación sexual (1 de noviembre de 1983): Ench. Vat. 9, 420-456; Pontificio Consejo para la Familia, Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia (8 de diciembre de 1995): Ench. Vat. 14, 2008-2077.

2Sobre esta compleja cuestión del género, cf también Pontificio Consejo para la Familia, Familia, matrimonio y «uniones de hecho» (26 de julio de 2000), 8: Suplemento a L´Osservatore Romano (22 de noviembre de 2000), 4.

3Cf Juan Pablo II, Carta Enc. Fides et ratio (14 de septiembre de 1998), 21: AAS 91 (1999), 22: «Esta apertura al misterio, que le viene de la Revelación, ha sido al final para él la fuente de un verdadero conocimiento, que ha consentido a su razón entrar en el ámbito de lo infinito, recibiendo así posibilidades de compresión hasta entonces insospechadas».

4Juan Pablo II, Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 6: AAS 80 (1988), 1662; cf S. Ireneo, Adversus haereses, V, 6, 1; V, 16, 2-3: SC 153, 72-81; 216-221; S. Gregorio de Nisa, De hominis opificio, 16: PG 44, 180; In Canticum homilia, 2: PG 44, 805-808; S. Agustín, Enarratio in Psalmum, 4, 8: CCL 38, 17.

5La palabra hebrea ezer, traducida como ayuda, indica el auxilio que sólo una persona presta a otra persona. El término no tiene ninguna connotación de inferioridad o instrumentalización. De hecho también Dios es, a veces, llamado ezer respecto al hombre (cf Esd 18,4; Sal 9-10,35).

6Juan Pablo II, Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 6: AAS 80 (1988), 1664.

7Juan Pablo II, Catequesis El hombre-persona se hace don en la libertad del amor (16 de enero de 1980), 1: Enseñanzas III, 1 (1980), 148.

8Juan Pablo II, Catequesis La concupiscencia del cuerpo deforma las relaciones hombre-mujer (26 de julio de 1980), 1: Enseñanzas III, 2 (1980), 288.

9Juan Pablo II, Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 7: AAS 80 (1988), 1666.

10Ibid., n.6, l.c., 1663.

11Congregación para la Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano. Lineamientos de educación sexual (1 de noviembre de 1983), 4: Ench. Vat. 9, 423.

12Ibid.

13Adversus haereses, 4, 34, 1: SC 100. 846: «Omnem novitatem attulit semetipsum afferens».

14La Tradición exegética antigua ve en María en el episodio de Caná la «figura Synagogæ» y la «inchoatio Ecclesiæ».

15El cuarto Evangelio profundiza aquí un dato ya presente en los Sinópticos (cf Mt 9,15 y par.). Sobre el tema de Jesús Esposo, cf Juan Pablo II, Carta a las Familias (2 de febrero de 1994), 18: AAS 86 (1994), 906-910.

16Juan Pablo II, Carta a las familias (2 de febrero de 1994), 19: AAS 86 (1994), 911; cf Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 23-25: AAS 80 (1988), 1708-1715.

17Cf Juan Pablo II, Exhort. Apost. post sinodal Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 16:AAS 74 (1982), 98-99.

18Ibid., 41, l.c., 132-133; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instruc.Donum vitae (22 de febrero de 1987), II, 8: AAS 80 (1988), 96-97.

19Cf Juan Pablo II, Carta a las mujeres (29 de junio de 1995), 9-10: AAS 87 (1995), 809-810.

20Juan Pablo II, Carta a las familias (2 de febrero de 1994), 17: AAS 86 (1994), 906.

21Carta Enc. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), 19: AAS 73 (1981), 627.

22Cf Juan Pablo II, Carta Apost. Ordinatio sacerdotalis (22 de mayo de 1994): AAS 86 (1994), 545-548; Congregación para la Doctrina de la Fe, Respuesta a la duda acerca de la doctrina de la Carta Apostólica «Ordinatio sacerdotalis» (28 de octubre de 1995: AAS 87 (1995), 1114.


¿Machismo católico? ¡Que va! Solo prejuicios anticatólicos de los anarquistas sociales.




Non Nobis, Domine, Non Nobis,
Sed Nomini Tuo Da Gloriam

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Sergio Ceceña (201.137.136.---)
Fecha:   09-29-05 23:33

La Iglesia no juzgó jamás a Galileo por decir que la Tierra giraba alrededor del sol, a leer mas muchacho, porque por tus palabras me das la impresíón de ser un jovencito.

A Galileo se le juzgó no por su tesis científica, sino por decir que la Biblia estaba equivocada al hablar de que “se detuvo el sol” - Cuando fue la Tierra la que se detuvo, cuestiones de interpretación, solamente




Non Nobis, Domine, Non Nobis,
Sed Nomini Tuo Da Gloriam

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: _Galileo_ (200.104.36.---)
Fecha:   09-29-05 23:43

perdonn???????
la tierra detenida????
y una particula viajando más rápido qué la luz'????
y...qué tiene que ver la edad?
recuerden que jesus a los 12 años aleccionó a los maestros de la ley, ya que les gusta tanto sacar a relucir pasajes biblicos.
y a galileo SI se le juzgo por su teoría, pq desdivinificaba a la concepcion teocentrica imperante en la época.

"Epur si Muove"

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Sergio Ceceña (201.137.136.---)
Fecha:   09-30-05 00:10

No se le juzgó por su teoría ¿Tienes las pruebas de que si?




Non Nobis, Domine, Non Nobis,
Sed Nomini Tuo Da Gloriam

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Sergio Ceceña (201.137.136.---)
Fecha:   09-30-05 00:14

¿Quién habló de una partícula viajando mas rápido que la luz? Eso es imposible, ya que según Einstein, si la materia viajara a la velocidad de la luz, se volvería infinita.

La energía no tiene partículas, ni moleculas, por eso puede viajar tan rápido, y el mismo Hawking corrobora que la máxima velocidad es la de la luz.




Non Nobis, Domine, Non Nobis,
Sed Nomini Tuo Da Gloriam

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Jedah (201.155.204.---)
Fecha:   09-30-05 14:51

Ademas recueden, hablando de la teoria de la relatividad, la materia a la velocidad de la luz, se convierte en energia. Pero quien estaba hablando de ello, muchas dudas se me han aclarado gracias.

Y es verdad, cuando se a visto k la iglesia catolica sea machista, al contrario...

No son cmo otras iglesias que te dicen ven para que vayas a sentir bonito, quien dijo k a la iglesia vas a sentir bonito, muy bontio a de ver sentido nuestro señor al ser cruzificado.

Ademas todos estos mitos y leyendas son bueno saberlas pk porque de ahi puedes chekar las diferentes ideologias que tiene la gente por saber 1 o 2 leyendas, yo se muchas leyendas e historias pero eso no quiere decir que Dios no exista o el Dios que nos ama, con Jesucristo y la virguen de Guadalupe sean falsos o sean algo que no sea muy cierto, asi como dicen tantas gentes..

Algo muy importante, han pasado 2000 mil años de esta iglesia, si no fuera de Dios no existiera, y otra es verdad no es una iglesia perfecta, porque esta hecha por hombres, y nosotros no somos perfectos, pero dime cual es la perfecta y te aseguro que todos nos iriamos alla, porque no es la iglesia perfecta porque es de hombres, pero es la que nuestro señor jesucritos nos dijo que tomaramos es el camino...

Y respecto a lilith gracias, eh aprendido mucho, y ahora entiendo varias cosas y pk la toman en cuenta, pero yo tambien sabia un poco que venia de sumeria de aquellos rumbos y que era un demonio vampiro, todo lo contrario que piensan de eva y quien sabe ke.
y recuerden!!!, la biblia todo antes de abraham es un cuento que nos dio Dios para entender la creacion...

Y si tienen duda yo soy Ing. en Electronica aunque me vea muy chavito jiji sale nos vemos

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Sergio Ceceña (201.128.111.---)
Fecha:   09-30-05 15:37

Hola Jedah!

Así es, hay muchos mitos, pero son eso, mitos. Por ejemplo, ahora hay un sujeto chiflado que se hace nombrar supercristiano (Debería ser superdemonio) muy fanático y anticatólico, que viene a decirnos no se qué tantas sandeces de los dineros de la Iglesia, pero no ha dado una sola prueba, bueno, según él si, un link de dos de los peores periódicos de España, yo recibo por suscripción El País, uno de los mejores perdiódicos del mundo y jamás dicen semejantes cosas de la Iglesia, muy al contrario, es el único periódico, que habla de programas como "Caritas" que es un movimiento de la Iglesia de ayuda a las personas necesitadas.

En verdad es la Iglesia de Cristo, ¿Por qué? Porque vienen comunistas, evangélicos, satanistas, wiccas, liberales, y todos atacándola, lo que me llama la atención es que los evangélicos la llaman la Ramera del Apocalipsis, y dicen que es de Satanás, pero los adoradores de Satán, también llegan atacándola y diciendo no se que tanta cosa sobre ella ¿No es raro? Pero no os preocupeis, que Jesús, después de fundarla dijo "Y las fuerzas del infierno, no prevalecerán" Mateo 16, 19.

Dios los bendiga en Cristo y María




Non Nobis, Domine, Non Nobis,
Sed Nomini Tuo Da Gloriam

 
 Re:Seamos como niños.
Autor: Victor Rojas (201.216.151.---)
Fecha:   09-30-05 18:12

Yo lo unico que te puedo decir es que te apoyes en la biblia. Si en dado caso alguien te pregunta, pues di:
No se, yo solo se que no esta en la bilblia, si exsitio o no , pues no se, pero si existio no tengo nada que aprender de ella, por que no esta en la biliba, te sugiero que hagas caso omiso de ello.

Por favor hermanos!!!!!!!!!, como se pueden basar en leyendas, es mas en la ciencia o estudios modernos, basense mas bien en el espiritu santo y dejen de debatir en cosas que no tienen nada productivo, que no los llenan ni los ayudan en nada, galileo?????, mejor hablen de JESUS.

que JESUS EUCARISTIA no se quede en la ostia, si no que habite tambien en nuestro corazon.

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: _Galileo_ (200.104.36.---)
Fecha:   09-30-05 22:21

osea me baso en la biblia y entiendo que moises separo las aguas...claro, OBVIO! cómo puedo ser tan ciego!! ¬¬
y que dios eligio al pueblo de israel como sus preferidos, y los egipcios como los opresores, y los romanos tb, entonces el único pueblo bueno es el pueblo israelí y los demás no valemos:D

sergio, no entiendes una ironia???
como es posible que la tierra se detenga, cierto????
ahora bien, tb es archi sabido que ninguna particula se puede mover más que la luz. pero su energia no es infinita(aunq de eso no poseeo pruebas, es sólo un cuento físico práctico, es imposible que la cantidad de materia en el universo sea infinita, epr en fin...este thread trata de otra cosa).
y si me baso en la biblia...que no se supone que eran 144.000 los elegidos para la salvacion?
y entre los 2 mil años de cristianismo...no habran pasado ya aquellos 144.000, almenos multiplicados por un factor de un millon???

"Epur si Muove"

 
 Re:Seamos como niños.
Autor: Sergio Ceceña (201.128.111.---)
Fecha:   09-30-05 22:37

Víctor, eso sería fanatismo y "La ciencia sin la religión es coja, la religión sin la ciencia, es ciega"




Non Nobis, Domine, Non Nobis,
Sed Nomini Tuo Da Gloriam

 
 Re: ¿Quien es Lilith?
Autor: Sergio Ceceña (201.128.111.---)
Fecha:   09-30-05 22:42

Galileo:

Soy biologo molecular, no se si ya habías leído eso sobre mi en otro epígrafe, y te puedo decir que soy una persona con formación científica, mi tesis y cuatro libros de genética (Sin la Biblia, je je) los puedes encontrar en la UNAM en México.

Se ha comprobado, que la tierra ha disminuído drásticamente su rotación en algunos momentos de su existencia, por lo tanto, no está en nada errada la Biblia, pero bueno, este es un foro para católicos, tú eres agnóstico, pero podemos hablar en el foro de diálogo ecuménico y religioso ¿Te parece? Que tal si empezamos con "El Génesis y la Ciencia" sin copy-past de páginas de internet, ni nada, solo tus argumentos y los mios ¿Vale?.

Saludos, Dios te bendiga.




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